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lunes, 7 de junio de 2010

Pagafantas

Querida Madame Proust,

Definitivamente, Charles Swann es un magnífico ejemplo de encoñado. Me temo, insumisamente que lee una, que la minuciosa descripción de los sentimientos de Swann en los vaivenes a que Odette de Crézy le somete tienen un tanto que ver con la vida de Marcel, aunque usted tal vez nunca llegara a enterarse. A Swann, mientras los Verdurin le desprecian, mientras Odette le saca el dinero y además se acuesta con hombres y mujeres, y mientras se descubre sometido a pasiones que siempre creyó mundanas (aka celos), nada le sirve para recuperar su altivez y tranquilidad. No su clase: por mucho que esté resentido con los círculos artísticos, la grotesca reunión de aristócratas con la descripción de monóculos es tal vez obvia como metáfora de tiempos y sociedades que acabaron (Marcel desprecia su pretenciosidad vacua), pero la incapacidad de Swann de ver a los personajes reales salvo como imágenes que reconoce en obras artísticas (pinturas, vidrieras) es una manera increíble, magnífica, de describir el vacío romántico que consiste en vivir una ilusión continua.

Me sigue interesando el punto de vista. En las doscientas páginas largas de estos amores de Swann ha aparecido, en el tercio final, de nuevo la primera persona, el recuerdo de Combray, y la promesa de que Swann volverá a la tierra cercana a los tiempos y espacios del narrador. Veremos.

Suya,
Madame de Borge

Y cosas que hasta entonces le habrían abochornado: espiar al pie de una ventana, quién sabe si mañana sonsacar diestramente a los indiferentes, sobornar a los criados, escuchar detrás de las puertas, le parecían ahora métodos de investigación científica de tan alto valor intelectual y tan apropiados al descubrimiento de la verdad como descifrar textos, como comparar testimonios e interpretar monumentos.

domingo, 16 de mayo de 2010

Llegué a Combray

Querida Madame Proust,

Ahora que ya estamos todas en la reunión, debo confesarle que ya he empezado las primeras páginas de la obra. Obviamente, es motivo de mi sana envidia el cariño evidente que hacia la madre de Marcel destilan las primeras páginas de 'Por el camino de Swann', aunque el tal Swann me parezca de momento un tanto indolente, y deseo ya que abofetee a esas tías de la familia de Marcel. Huy, perdón, que debe tratarse de sus propias tías de usted, sabrá perdonarme el atrevimiento, espero.

Encantada estoy de como Marcel deja fluir el pensamiento en la concatenación de sentimientos y sensaciones. No debe haber niño que no reflexione sobre los muebles que rodean su sueño, o sobre las camas que han acogido su vida frágil, que siendo pequeño se antoja tan volátil. Pero me preocupa ese largo despertar del niño, y ese ansia casi enfermiza por un beso soñado para acostarse. No quisiera encontrarme páginas más adelante que todo es un sueño provocado por un beso de encantamiento, pero supongo que deba ser la primera interpretación de un tiempo que debe recobrarse aunque sea sólo porque, como tantas cosas en la vida, nunca se vivió.

Suya,
Madame de Borge