
Queridas Madames,
Reconozcamos la ignonimia de no mencionar en estas páginas a Monsieur de Outcast, que recientemente dejó un comentario para nosotras entre estas páginas. Discreto como corresponde a un natural de esa tierra de la que procede, Monsieur nos hablaba de sus esfuerzos y sus avances leyendo a Marcel... ¡¡¡en francés!!!
Bien es sabido que 'Á la Recherche...', su lectura, su reedición y su investigación, son en Francia un subgénero en sí mismos. Pero aún sabiendo de la multitud de reediciones y partes encontradas y olvidadas de la obra que aparecen, Monsieur de Outcast evitará las demoníacas traducciones que son objeto de mofa y befa en castellana la lengua.
En nuestro salón de té somos mayoría las lectoras de Proust que utilizamos la traducción de don Pedro Salinas. Tal vez por ser la más fácil de encontrar, o por su valor histórico al ser pionera en castellano. Pero no por ello está libre esta traducción de estilismos que ahora son considerados erróneos, como una afición sin piedad por el laísmo (y leísmo), o esa traducción de los nombres propios (Jorge Sand o Carlos Swann son dos tremendos ejemplos). Vean: Quizá no se daba cuenta Odette de lo sincero que era con ella cuando regañaban y cuando LA dijo que no le mandaría más dinero y que procuraría hacerLA daño. Uno no puede creer que un señor catedrático y poeta del 27 fuera un melón de la gramática. Puede que fuera un traductor pésimo (que no lo creo), pero prefiero pensar que hay un motivo para una traducción así. Caballerosidad, tal vez. Galanura española. O confusión proustiana de género, quién sabe. Terriblemente, el texto de Salinas, casi coetáneo del original, suena un tanto rancio, y obviamente no gusta a las nuevas generaciones. Algunas, chapadas a la antigua como somos, sentimos no obstante un ligero picor de nostalgia: en realidad, nuestros mayores más que machistas, eran laístas, que, como todo el mundo sabe, es algo mucho más civilizado.
Espero sinceramente que la escuela de Madame de Malarrama rinda la especialidad de 'traducción del francés' entre sus estudios, pues ya sabemos lo importante que es el francés para las señoritas. Y, dicen, para algunos señores. Que esperan un futuro proustista igualitario y sin laísmo. Y animo también a Monsieur de Outcast a continuar la lectura apasionante y explicarnos si es posible, oh rizo entre rizos, un laísmo a la francesa. Esperamos recibirle con más continuidad en nuestras reuniones, pues los caballeros que hablan el francés sin enseñar los dientes sirven mucho mejor el té.
Suya,
Madame de Borge