sábado, 10 de diciembre de 2011
La femme aura Gomorrhe et l'homme aura Sodome
Queridas Madames,
Son exactamente 36 páginas las que Marcel escribe de manera directa sobre los mariquitas bajo el título Primera aparición de los hombres-mujeres, descendientes de los habitantes de Sodoma que fueron perdonados por el fuego del cielo. Es el inicio de Sodoma y Gomorra y se trata sin duda de un impresionante capítulo sobre la visión poético-armarizada de la homosexualidad, que adquiere por momentos un carácter cosmogónico y que, permítanme, debería haber sido un texto fundacional tanto de los movimientos LGTB como, si me apuran, del psicoanálisis para tratar a los reprimidos sexuales. No por su valor social o científico, sino como texto histórico que además está tan bien escrito que alcanza una emoción sobre la que actuar y pensar. ¿Se dan cuenta que estamos en un libro supuesta cumbre de la literatura en su lengua? Desde luego estas páginas no estaban entre los textos seleccionados de En busca del tiempo perdido que nos enseñaron en nuestras refinadas escuelas.
En esta visión de un homosexual judío que se presenta a través de un personaje que no es ni una cosa ni otra, hay partes que desde nuestro salón de té sólo pueden incitarnos a la sonrisa: la biología absurda empeñada en encontrar el carácter femenino del hijo de Sodoma, o las comparaciones botánicas -literalmente, moscardones que polinizan orquídeas-. Pero otras, las que explican la realidad social del armarizado, por ejemplo, son lúcidas y trasladables cuando menos psicológicamente a otros tiempos no tan lejanos. En todo ello prima el sentido literario, muy manierista como casi siempre que Marcel describe, y con su constante flujo de conciencia en el texto.
Entiendo que el pobre Marcel no engañaba a nadie, claro. A algún lector incauto, tal vez. Estas páginas incluyen también una idealización del amor homosexual con ecos wildeanos (si se produce un encuentro verdaderamente afortunado para ellos, (...) su dicha, mucho más aún que la del enamorado normal, tiene algo de extraordinario, de selecto, de profundamente necesario), que no es extraño de leer en textos de la época respecto a la unión de caracteres artísticos en las que, oficialmente, no había nada más. Y por primera vez admite que judíos e invertidos tienen paralelismos: han aprendido a ocultarse y a reconocerse sólo entre semejantes.
Suya,
Madame de Borge
domingo, 4 de diciembre de 2011
Amanecer
La luz del sol que iba a nacer, al modificar las cosas en torno mío, como trasladándome un instante con relación a ella, me hizo tomar de nuevo conciencia aún más amarga de mis sufrimientos. Nunca había visto nacer un mañana tan bella ni tan dolorosa. Pensando en todos los pasajes indiferentes que iban a iluminarse y que, todavía la víspera, sólo el deseo de visitarlos me habían infundido, no pude contener un sollozo cuando, en un gesto de ofertorio mecánicamente cumplido y que me pareció simbolizar el cruento sacrificio que yo iba a tener que hacer de todo goce, cada mañana, hasta el fin de mi vida, renovación solemne celebrada en cada aurora de mi dolor cotidiano y de la sangre de mi herida, el huevo de oro del sol, como propulsado por la ruptura de equilibrio que en el momento de la coagulación determinaría un cambio de densidad, erizado de llamas como en los cuadros, rompió de un golpe la cortina tras la que, desde hacía un momento, se le sentía trémulo y pronto a irrumpir en escena y a lanzarse, borrando bajo torrentes de luz su púrpura misteriosa e inmóvil. Me oía a mí mismo llorar.
Queridas Madames,
Tras cuatro volúmenes por fin Marcel ha visto amanecer en Balbec. Ha sucedido con el impresionante manierismo que ven ustedes arriba, que arrebataría sin duda a cualquier vampiro que pudiera, milagrosamente, volver a ver la luz del sol por la mañana y sin embargo sobrevivir. Marcel, sin embargo, cierra Sodoma y Gomorra hecho un mar de dudas sobre su vida amorosa y prácticamente la de todos los personajes de la obra. Otro final cliffhanger para la posteridad, sin duda.
En siguientes entregas de este su salón de té hablaremos mejor de las temáticas del volumen que, curiosamente, se han olvidado de Dreyfuss, nos han dejado sin Swann, pero ha supuesto la gozosa vuelta de Mme. de Verdurin y su selecto núcleo, y lo ha mezclado bien con Monsieur de Charlus y sus selectos gustos.
Suya,
Madame de Borge
martes, 29 de noviembre de 2011
Algo se mueve en Balbec
Queridas Madames,
Sinceramente, para mi sorpresa, noto una perturbación en el pasado que ve el futuro. Y me explico:
Yo ya sabía que Marcel era un autor a caballo. Y no me refiero a sus paseos subido a un equino por los campos de Balbec, que alguno da para mi sorpresa cuando lo lógico hubiera sido que sintiera un temor atroz ante seres de ese peso que además relinchan y responden a estímulos tan inapropiados como un terrón de azúcar. Sino a que estructura su obra en dicotomías. Nada que no hayamos hablado en nuestras tertulias, que si me voy por Guermantes o por Meseglise, que si prefiero las fiestas burguesas de Verdurin o las aristócratas de Guermantes, que si me decido por Gilberta o por Albertina. La tentación de ponerle a caballo entre los novelistas realistas del siglo XIX y los psicologistas del XX es grande. No es un innovador formalista como Joyce ni como Rimbaud, pero la introspección del yo es fundamental en su obra.
Pues bien, en Sodoma y Gomorra me encuentro con bonitas alusiones a un futuro técnico y económico ante las cuales Marcel parece... no sé si perdido o despechado, pero desde luego un tanto fuera del mundo. Los terribles coches eléctricos, gigante de las botas de siete leguas, le vienen estupendo para llegar a las fiestas de Mme. Verdurin, pero le acercan tanto los pueblos que le llegan a igualar los paisajes, de modo que no tiene tiempo suficiente para su habitual somatización emocional del recuerdo en los lugares por los que pasa. Y aparecen personas (entiéndase, hombres de sociedad no baja) que trabajan en cosas no como preparar guerras, atender la confesión de las mujeres, o mantener el porche para las visitas, sino en informes, cifras, datos, acciones de bolsa...
Sutiles apuntes, Madames, que dan idea de que el mundo definitivamente cambiaba. Que, en este caso, no habrá posibilidad de escoger camino, sino que este vendrá impuesto. Y no dice qué vendrá con él, pero debo intuir que será el olvido, claro.
Seguiremos informando.
Suya,
Madame de Borge
Sinceramente, para mi sorpresa, noto una perturbación en el pasado que ve el futuro. Y me explico:
Yo ya sabía que Marcel era un autor a caballo. Y no me refiero a sus paseos subido a un equino por los campos de Balbec, que alguno da para mi sorpresa cuando lo lógico hubiera sido que sintiera un temor atroz ante seres de ese peso que además relinchan y responden a estímulos tan inapropiados como un terrón de azúcar. Sino a que estructura su obra en dicotomías. Nada que no hayamos hablado en nuestras tertulias, que si me voy por Guermantes o por Meseglise, que si prefiero las fiestas burguesas de Verdurin o las aristócratas de Guermantes, que si me decido por Gilberta o por Albertina. La tentación de ponerle a caballo entre los novelistas realistas del siglo XIX y los psicologistas del XX es grande. No es un innovador formalista como Joyce ni como Rimbaud, pero la introspección del yo es fundamental en su obra.
Pues bien, en Sodoma y Gomorra me encuentro con bonitas alusiones a un futuro técnico y económico ante las cuales Marcel parece... no sé si perdido o despechado, pero desde luego un tanto fuera del mundo. Los terribles coches eléctricos, gigante de las botas de siete leguas, le vienen estupendo para llegar a las fiestas de Mme. Verdurin, pero le acercan tanto los pueblos que le llegan a igualar los paisajes, de modo que no tiene tiempo suficiente para su habitual somatización emocional del recuerdo en los lugares por los que pasa. Y aparecen personas (entiéndase, hombres de sociedad no baja) que trabajan en cosas no como preparar guerras, atender la confesión de las mujeres, o mantener el porche para las visitas, sino en informes, cifras, datos, acciones de bolsa...
Sutiles apuntes, Madames, que dan idea de que el mundo definitivamente cambiaba. Que, en este caso, no habrá posibilidad de escoger camino, sino que este vendrá impuesto. Y no dice qué vendrá con él, pero debo intuir que será el olvido, claro.
Seguiremos informando.
Suya,
Madame de Borge
lunes, 21 de noviembre de 2011
Ping de pezones
Queridas Madames,
Monóculo temblando, aguja de punto de cruz caída, y botella de pastís cerca para los soponcios, descubro que Marcel por fin ha encontrado objeto a Gomorra. Siempre, inocente que es una, me alineaba con esa corriente de lo popular que dice saber bien cuál era el pecado de los sodomitas, pero desconocía por completo el de los gomorritas. Pero Marcel, audaz, valiente, lúcido, lo descubre: ¡las gomorritas son las muchachas que tienen vicios con las muchachas!
Marcel teme acabar como Swann, y que Albertina sea gomorrita como resultó serlo Odette, y todo por una insidia del doctor Cottard. Yo les digo que es una muchacha buena, y aunque evasiva con el pobre Marcel, creo que lo hace por cuidar la delicada salud del muchacho y no alterarlo mucho. Pero claro, viene el doctor de los Verdurin y no se le ocurre sino decirle a Marcel que las mujeres disfrutan más que con nada con el pezón contra el pezón, y, claro, como no podía ser de otra manera, su varonil indignación se ha desatado, nada le parece más inconcebible, no puede soportar ESTO:
¡Qué les voy a decir! El humor se le desboca, a veces uno se tienta de decir que invOluntariamente, que no puede serse tan envarado y soltar estas perlas... Los sudores fríos al imaginar los amores calientes de las muchachas en flor de Balbec. El hombre con problemas de vista que siempre se ganaba un guantazo del mellizo de su objeto de deseo... El festín sexual de Sodoma y Gomorra es un banquete que Marcel dice sólo mirar, en el que es espectador privilegiado, y en el que no se le permite disfrutar nada. O tal vez sí: el lenguaje.
Suya, justo antes de la ducha,
Madame de Borge
Monóculo temblando, aguja de punto de cruz caída, y botella de pastís cerca para los soponcios, descubro que Marcel por fin ha encontrado objeto a Gomorra. Siempre, inocente que es una, me alineaba con esa corriente de lo popular que dice saber bien cuál era el pecado de los sodomitas, pero desconocía por completo el de los gomorritas. Pero Marcel, audaz, valiente, lúcido, lo descubre: ¡las gomorritas son las muchachas que tienen vicios con las muchachas!
Sodoma a tomar por culo
(con perdón)
De la pobre Gomorra quedó tan poco que ni hay cuadros
En esta imagen, La destrucción de Sodoma, de John Martin
¡PING!
Sé que esta imagen les choca, queridas
Sean ustedes fuertes
¡Qué les voy a decir! El humor se le desboca, a veces uno se tienta de decir que invOluntariamente, que no puede serse tan envarado y soltar estas perlas... Los sudores fríos al imaginar los amores calientes de las muchachas en flor de Balbec. El hombre con problemas de vista que siempre se ganaba un guantazo del mellizo de su objeto de deseo... El festín sexual de Sodoma y Gomorra es un banquete que Marcel dice sólo mirar, en el que es espectador privilegiado, y en el que no se le permite disfrutar nada. O tal vez sí: el lenguaje.
Suya, justo antes de la ducha,
Madame de Borge
lunes, 7 de noviembre de 2011
¿Cuestionarios Proust?
Querida Madame Proust,
¿Sabe usted que está en prensa? Para mi sorpresa, la Baronesa Riefenstahl (quien no viene a nuestro salón de té, pero su espíritu nos llena e imbuye) nos ha enviado esta reseña que habla de los cuestionarios Proust, que nos revelan algunos gustos que dirían frívolos, pero que yo sé profundos e inherentes al alma humano. Aquí se lo dejo, señora.
Me da cosita, Madame, hablarle de las cosas que Marcel está viendo en su Sodoma y Gomorra. En las fiestas hay miradas, relaciones e insinuaciones equivocadas, cosas que una madre nunca aprobaría que su muy querido hijo viera. ¡Ánimo, señora! Con un poco de suerte, puede usted ganar otro hijo.
Suya,
Madame de Borge
¿Sabe usted que está en prensa? Para mi sorpresa, la Baronesa Riefenstahl (quien no viene a nuestro salón de té, pero su espíritu nos llena e imbuye) nos ha enviado esta reseña que habla de los cuestionarios Proust, que nos revelan algunos gustos que dirían frívolos, pero que yo sé profundos e inherentes al alma humano. Aquí se lo dejo, señora.
Me da cosita, Madame, hablarle de las cosas que Marcel está viendo en su Sodoma y Gomorra. En las fiestas hay miradas, relaciones e insinuaciones equivocadas, cosas que una madre nunca aprobaría que su muy querido hijo viera. ¡Ánimo, señora! Con un poco de suerte, puede usted ganar otro hijo.
Suya,
Madame de Borge
domingo, 30 de octubre de 2011
Y en apenas diez páginas...
Queridas Madames,
Sí, hemos vuelto. Marcel a hacer de las suyas y yo a leérselas. Mucho me temo que este volumen no sea del todo adecuado a nuestras charlas de té. ¿Cómo le sentará a la adorable y puritana Madame de Churchill que el primer capítulo de Sodoma y Gomorra incluya en su título la expresión hombres-mujeres, descendientes de los habitantes de Sodoma? ¿Qué le parecerá a la sensible Madame du Chrisanteme que Marcel diga, aunque con reparos, homosexualidad, y la compare con la botánica? Y a la adorable Madame de Gayarta, tan rendida a los problemas sociopolíticos, ¿qué le parecerá que Monsieur de Charlus se folle -con perdón- a un maduro modisto de chalecos?
¡Y TODO ESTO EN DIEZ PÁGINAS!
Debía haber esperado al verano para poder leer esto con té helado, queridas. En este invierno incipiente, me temo demasiados ardores.
Suya,
Madame de Borge
Sí, hemos vuelto. Marcel a hacer de las suyas y yo a leérselas. Mucho me temo que este volumen no sea del todo adecuado a nuestras charlas de té. ¿Cómo le sentará a la adorable y puritana Madame de Churchill que el primer capítulo de Sodoma y Gomorra incluya en su título la expresión hombres-mujeres, descendientes de los habitantes de Sodoma? ¿Qué le parecerá a la sensible Madame du Chrisanteme que Marcel diga, aunque con reparos, homosexualidad, y la compare con la botánica? Y a la adorable Madame de Gayarta, tan rendida a los problemas sociopolíticos, ¿qué le parecerá que Monsieur de Charlus se folle -con perdón- a un maduro modisto de chalecos?
¡Y TODO ESTO EN DIEZ PÁGINAS!
Debía haber esperado al verano para poder leer esto con té helado, queridas. En este invierno incipiente, me temo demasiados ardores.
Suya,
Madame de Borge
sábado, 22 de octubre de 2011
No tomar el nombre de Marcel en vano
Queridas Madames,
Sé que las he tenido abandonadas durante meses, pero los sudores y espasmos que el final del tercer volumen de la recherche me duraron todo el verano. En estos meses sólo he podido alimentarme de agua con gas y unas pocas magdalenas (bueno, un poco de anís que me traían las religiosas del convento de la plaza, pero es que es tan difícil resistirse al anís...). Pero no por ello he podido evitar el peso de Marcel, no. Terminada mi recuperación y próximo el inicio de la lectura de Sodoma y Gomorra (mi tío el rarito siempre tenía un ejemplar de este libro a mano), me he tropezado con Marcel en varios lugares, con referencias más o menos gratuitas, para que veamos que hay personas que escriben libros o hacen películas y que han leído a Marcel. Aparece, así gratuitamente, en La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, o en los ensayos Los bárbaros. Ensayos sobre la mutación, de Alessandro Baricco y Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovsky. Yo grito a los autores del mundo: ¡dejen de usar a Marcel para parecer más cultos! ¡Aprendan de este blog y lean a Marcel para ser más mamarrachas!
Una actitud mucho más feliz, qué duda cabe.
Suya,
Madame de Borge
Sé que las he tenido abandonadas durante meses, pero los sudores y espasmos que el final del tercer volumen de la recherche me duraron todo el verano. En estos meses sólo he podido alimentarme de agua con gas y unas pocas magdalenas (bueno, un poco de anís que me traían las religiosas del convento de la plaza, pero es que es tan difícil resistirse al anís...). Pero no por ello he podido evitar el peso de Marcel, no. Terminada mi recuperación y próximo el inicio de la lectura de Sodoma y Gomorra (mi tío el rarito siempre tenía un ejemplar de este libro a mano), me he tropezado con Marcel en varios lugares, con referencias más o menos gratuitas, para que veamos que hay personas que escriben libros o hacen películas y que han leído a Marcel. Aparece, así gratuitamente, en La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, o en los ensayos Los bárbaros. Ensayos sobre la mutación, de Alessandro Baricco y Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovsky. Yo grito a los autores del mundo: ¡dejen de usar a Marcel para parecer más cultos! ¡Aprendan de este blog y lean a Marcel para ser más mamarrachas!
Una actitud mucho más feliz, qué duda cabe.
Suya,
Madame de Borge
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