Queridas Madames,
Sinceramente, para mi sorpresa, noto una perturbación en el pasado que ve el futuro. Y me explico:
Yo ya sabía que Marcel era un autor a caballo. Y no me refiero a sus paseos subido a un equino por los campos de Balbec, que alguno da para mi sorpresa cuando lo lógico hubiera sido que sintiera un temor atroz ante seres de ese peso que además relinchan y responden a estímulos tan inapropiados como un terrón de azúcar. Sino a que estructura su obra en dicotomías. Nada que no hayamos hablado en nuestras tertulias, que si me voy por Guermantes o por Meseglise, que si prefiero las fiestas burguesas de Verdurin o las aristócratas de Guermantes, que si me decido por Gilberta o por Albertina. La tentación de ponerle a caballo entre los novelistas realistas del siglo XIX y los psicologistas del XX es grande. No es un innovador formalista como Joyce ni como Rimbaud, pero la introspección del yo es fundamental en su obra.
Pues bien, en Sodoma y Gomorra me encuentro con bonitas alusiones a un futuro técnico y económico ante las cuales Marcel parece... no sé si perdido o despechado, pero desde luego un tanto fuera del mundo. Los terribles coches eléctricos, gigante de las botas de siete leguas, le vienen estupendo para llegar a las fiestas de Mme. Verdurin, pero le acercan tanto los pueblos que le llegan a igualar los paisajes, de modo que no tiene tiempo suficiente para su habitual somatización emocional del recuerdo en los lugares por los que pasa. Y aparecen personas (entiéndase, hombres de sociedad no baja) que trabajan en cosas no como preparar guerras, atender la confesión de las mujeres, o mantener el porche para las visitas, sino en informes, cifras, datos, acciones de bolsa...
Sutiles apuntes, Madames, que dan idea de que el mundo definitivamente cambiaba. Que, en este caso, no habrá posibilidad de escoger camino, sino que este vendrá impuesto. Y no dice qué vendrá con él, pero debo intuir que será el olvido, claro.
Seguiremos informando.
Suya,
Madame de Borge
martes, 29 de noviembre de 2011
lunes, 21 de noviembre de 2011
Ping de pezones
Queridas Madames,
Monóculo temblando, aguja de punto de cruz caída, y botella de pastís cerca para los soponcios, descubro que Marcel por fin ha encontrado objeto a Gomorra. Siempre, inocente que es una, me alineaba con esa corriente de lo popular que dice saber bien cuál era el pecado de los sodomitas, pero desconocía por completo el de los gomorritas. Pero Marcel, audaz, valiente, lúcido, lo descubre: ¡las gomorritas son las muchachas que tienen vicios con las muchachas!
Marcel teme acabar como Swann, y que Albertina sea gomorrita como resultó serlo Odette, y todo por una insidia del doctor Cottard. Yo les digo que es una muchacha buena, y aunque evasiva con el pobre Marcel, creo que lo hace por cuidar la delicada salud del muchacho y no alterarlo mucho. Pero claro, viene el doctor de los Verdurin y no se le ocurre sino decirle a Marcel que las mujeres disfrutan más que con nada con el pezón contra el pezón, y, claro, como no podía ser de otra manera, su varonil indignación se ha desatado, nada le parece más inconcebible, no puede soportar ESTO:
¡Qué les voy a decir! El humor se le desboca, a veces uno se tienta de decir que invOluntariamente, que no puede serse tan envarado y soltar estas perlas... Los sudores fríos al imaginar los amores calientes de las muchachas en flor de Balbec. El hombre con problemas de vista que siempre se ganaba un guantazo del mellizo de su objeto de deseo... El festín sexual de Sodoma y Gomorra es un banquete que Marcel dice sólo mirar, en el que es espectador privilegiado, y en el que no se le permite disfrutar nada. O tal vez sí: el lenguaje.
Suya, justo antes de la ducha,
Madame de Borge
Monóculo temblando, aguja de punto de cruz caída, y botella de pastís cerca para los soponcios, descubro que Marcel por fin ha encontrado objeto a Gomorra. Siempre, inocente que es una, me alineaba con esa corriente de lo popular que dice saber bien cuál era el pecado de los sodomitas, pero desconocía por completo el de los gomorritas. Pero Marcel, audaz, valiente, lúcido, lo descubre: ¡las gomorritas son las muchachas que tienen vicios con las muchachas!
Sodoma a tomar por culo
(con perdón)
De la pobre Gomorra quedó tan poco que ni hay cuadros
En esta imagen, La destrucción de Sodoma, de John Martin
¡PING!
Sé que esta imagen les choca, queridas
Sean ustedes fuertes
¡Qué les voy a decir! El humor se le desboca, a veces uno se tienta de decir que invOluntariamente, que no puede serse tan envarado y soltar estas perlas... Los sudores fríos al imaginar los amores calientes de las muchachas en flor de Balbec. El hombre con problemas de vista que siempre se ganaba un guantazo del mellizo de su objeto de deseo... El festín sexual de Sodoma y Gomorra es un banquete que Marcel dice sólo mirar, en el que es espectador privilegiado, y en el que no se le permite disfrutar nada. O tal vez sí: el lenguaje.
Suya, justo antes de la ducha,
Madame de Borge
lunes, 7 de noviembre de 2011
¿Cuestionarios Proust?
Querida Madame Proust,
¿Sabe usted que está en prensa? Para mi sorpresa, la Baronesa Riefenstahl (quien no viene a nuestro salón de té, pero su espíritu nos llena e imbuye) nos ha enviado esta reseña que habla de los cuestionarios Proust, que nos revelan algunos gustos que dirían frívolos, pero que yo sé profundos e inherentes al alma humano. Aquí se lo dejo, señora.
Me da cosita, Madame, hablarle de las cosas que Marcel está viendo en su Sodoma y Gomorra. En las fiestas hay miradas, relaciones e insinuaciones equivocadas, cosas que una madre nunca aprobaría que su muy querido hijo viera. ¡Ánimo, señora! Con un poco de suerte, puede usted ganar otro hijo.
Suya,
Madame de Borge
¿Sabe usted que está en prensa? Para mi sorpresa, la Baronesa Riefenstahl (quien no viene a nuestro salón de té, pero su espíritu nos llena e imbuye) nos ha enviado esta reseña que habla de los cuestionarios Proust, que nos revelan algunos gustos que dirían frívolos, pero que yo sé profundos e inherentes al alma humano. Aquí se lo dejo, señora.
Me da cosita, Madame, hablarle de las cosas que Marcel está viendo en su Sodoma y Gomorra. En las fiestas hay miradas, relaciones e insinuaciones equivocadas, cosas que una madre nunca aprobaría que su muy querido hijo viera. ¡Ánimo, señora! Con un poco de suerte, puede usted ganar otro hijo.
Suya,
Madame de Borge
domingo, 30 de octubre de 2011
Y en apenas diez páginas...
Queridas Madames,
Sí, hemos vuelto. Marcel a hacer de las suyas y yo a leérselas. Mucho me temo que este volumen no sea del todo adecuado a nuestras charlas de té. ¿Cómo le sentará a la adorable y puritana Madame de Churchill que el primer capítulo de Sodoma y Gomorra incluya en su título la expresión hombres-mujeres, descendientes de los habitantes de Sodoma? ¿Qué le parecerá a la sensible Madame du Chrisanteme que Marcel diga, aunque con reparos, homosexualidad, y la compare con la botánica? Y a la adorable Madame de Gayarta, tan rendida a los problemas sociopolíticos, ¿qué le parecerá que Monsieur de Charlus se folle -con perdón- a un maduro modisto de chalecos?
¡Y TODO ESTO EN DIEZ PÁGINAS!
Debía haber esperado al verano para poder leer esto con té helado, queridas. En este invierno incipiente, me temo demasiados ardores.
Suya,
Madame de Borge
Sí, hemos vuelto. Marcel a hacer de las suyas y yo a leérselas. Mucho me temo que este volumen no sea del todo adecuado a nuestras charlas de té. ¿Cómo le sentará a la adorable y puritana Madame de Churchill que el primer capítulo de Sodoma y Gomorra incluya en su título la expresión hombres-mujeres, descendientes de los habitantes de Sodoma? ¿Qué le parecerá a la sensible Madame du Chrisanteme que Marcel diga, aunque con reparos, homosexualidad, y la compare con la botánica? Y a la adorable Madame de Gayarta, tan rendida a los problemas sociopolíticos, ¿qué le parecerá que Monsieur de Charlus se folle -con perdón- a un maduro modisto de chalecos?
¡Y TODO ESTO EN DIEZ PÁGINAS!
Debía haber esperado al verano para poder leer esto con té helado, queridas. En este invierno incipiente, me temo demasiados ardores.
Suya,
Madame de Borge
sábado, 22 de octubre de 2011
No tomar el nombre de Marcel en vano
Queridas Madames,
Sé que las he tenido abandonadas durante meses, pero los sudores y espasmos que el final del tercer volumen de la recherche me duraron todo el verano. En estos meses sólo he podido alimentarme de agua con gas y unas pocas magdalenas (bueno, un poco de anís que me traían las religiosas del convento de la plaza, pero es que es tan difícil resistirse al anís...). Pero no por ello he podido evitar el peso de Marcel, no. Terminada mi recuperación y próximo el inicio de la lectura de Sodoma y Gomorra (mi tío el rarito siempre tenía un ejemplar de este libro a mano), me he tropezado con Marcel en varios lugares, con referencias más o menos gratuitas, para que veamos que hay personas que escriben libros o hacen películas y que han leído a Marcel. Aparece, así gratuitamente, en La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, o en los ensayos Los bárbaros. Ensayos sobre la mutación, de Alessandro Baricco y Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovsky. Yo grito a los autores del mundo: ¡dejen de usar a Marcel para parecer más cultos! ¡Aprendan de este blog y lean a Marcel para ser más mamarrachas!
Una actitud mucho más feliz, qué duda cabe.
Suya,
Madame de Borge
Sé que las he tenido abandonadas durante meses, pero los sudores y espasmos que el final del tercer volumen de la recherche me duraron todo el verano. En estos meses sólo he podido alimentarme de agua con gas y unas pocas magdalenas (bueno, un poco de anís que me traían las religiosas del convento de la plaza, pero es que es tan difícil resistirse al anís...). Pero no por ello he podido evitar el peso de Marcel, no. Terminada mi recuperación y próximo el inicio de la lectura de Sodoma y Gomorra (mi tío el rarito siempre tenía un ejemplar de este libro a mano), me he tropezado con Marcel en varios lugares, con referencias más o menos gratuitas, para que veamos que hay personas que escriben libros o hacen películas y que han leído a Marcel. Aparece, así gratuitamente, en La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, o en los ensayos Los bárbaros. Ensayos sobre la mutación, de Alessandro Baricco y Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovsky. Yo grito a los autores del mundo: ¡dejen de usar a Marcel para parecer más cultos! ¡Aprendan de este blog y lean a Marcel para ser más mamarrachas!
Una actitud mucho más feliz, qué duda cabe.
Suya,
Madame de Borge
miércoles, 29 de junio de 2011
Stanley Kubrick, que adaptas a Proust
Queridas Madames,
Les reproduzco un extracto de un apasionante artículo sobre Stanley Kubrick escrito por Stephane Delorme y publicado en Cahiers du Cinema España (nº 46, Junio 2011, pp. 72 a 77). Dada la bella referencia hecha por el director británico a los grandes pequeños detalles proustianos, era inevitable hacerlo.
Suya,
Madame de Borge
Lo que por el contrario está claro es que la cuestión en Inteligencia Artificial (A.I.) no es en definitiva la tecnología sino el amor, en particular el amor filial. En el precioso libro que Jan Harlan editó sobre A.I. en 2009 se reproducen notas manuscritas de Kubrick referidas a la última escena, cuando los robots del futuro proponen al pequeño David reencontrarse con su madre, pero solo por un día. De manera totalmente inesperada, en una nota fechada el 11 de abril de 1993, Kubrick se pregunta cómo encontrar un equivalente al proustian knock on the wall para describir la complicidad recuperada entre Mónica y David. Hace aquí referencia al pasaje de A la sombra de las muchachas en flor en el que el pequeño Marcel, en la cama, se comunica con su abuela mediante golpes en la pared. Kubrick se pregunta si hay que retomar este gesto o si hay que encontrar un equivalente. Se pregunta si David debe llevarle el café a su madre al despertarse (es la opción con la que se quedará Spielberg). En estas emotivas notas vemos la atención que puso Kubrick en este desenlace y una sensibilidad imprevista de cara a esta relación doblemente proustiana, puesto que el niño trae a su madre desde el tiempo perdido. También está este comentario hiriente y trágico que aporta Sara Maitland: David quería convertirse en un niño real, lo que consigue es convertir a su madre en androide.
miércoles, 22 de junio de 2011
Alfred Dreyfus, presente
Queridas Madames,
Sinceramente, si hay algo que me ha sorprendido en El mundo de Guermantes, es la fuerza con que ha irrumpido en la narración el caso Dreyfus. Si no lo recuerdan, consulten la Wikipedia, que tendrán páginas y páginas. Verán que fue un caso que marcó la Francia del cambio de siglo, que involucró a toda la sociedad, que anticipaba en parte los desastres antisemitas del siglo XX… Francia se dividió entre aquellos que creían al coronel judío injustamente acusado de traición –los dreyfusards, entre ellos Zola gracias a su famoso artículo por el también fue enjuiciado-, y aquellos que creían en la culpabilidad y pensaban que casi nada bueno podía venir de esa infección judía en el país –los antidreyfusards o nacionalistas-.
Posiblemente, Marcel, que no deja de ser un escritor que también bebe del realismo de la literatura decimonónica francesa, no podía aspirar a retratar la sociedad sin hablar del asunto, aunque eso le obligue a fijar la acción en un tiempo claramente definido. No, nunca llega a hablar de fechas (¡qué vulgaridad!), simplemente el dreyfusismo está ahí, y sirve para que los personajes se definan en un bando o en otro, para que terminen relaciones por consideraciones políticas, o se desprecien dentro o fuera de las familias, o para hacer comentarios sobre los judíos, que en Marcel son un tanto equidistantes, y lejanos a la pesadilla que los judíos vivirían unas décadas más tarde, pero que seguramente pensó necesarios para que el libro resultara creíble. La ternura que de todos modos le despierta ahora Swann me hace también leer entre líneas una simpatía no racionalizada hacia la causa deryfusista (¿hacia la causa judía? ¿¿hacia la causa de los discriminados??). El libro lógicamente pierde atemporalidad, aunque gane en episodios magníficos alrededor del asunto. Frente a sentimientos universales que suceden en momentos sin definición temporal, y frente al hecho del olvido, la evocación, y la memoria, encontrarse con un episodio que pasados más de cien años, aunque no olvidado, no está normalmente fresco en la memoria del lector atento especialmente si no es francés (no se mortifiquen por ello), puede ser un buen ejemplo de lo que le esperaba con el paso del tiempo a la recherche. Una víctima de sí misma, tal vez.
Suya,
Madame de Borge
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